viernes, 31 de julio de 2015

Anatomía de la promesa.


     


   Los candidatos hacen promesas para ser elegidos. Y el que no las hace, promete ser diferente a los demás, apartándose del terreno del compromiso… Sin embargo, en la anatomía eleccionaria hay un contrato no escrito entre candidato y elector. El uno promete y el otro acepta la promesa. Quedan así ambos unidos, pero puede ocurrir que después de elegido el prometedor no cumpla su palabra. Gran crítica de su acción. Y en el caso del elector que promete votar por Fulano y después vota por Zutano, la palabra también se rompe. ¿No hay en esto una mentira necesaria?

Si quiere siempre buscar la disculpa apropiada para los cambios de parecer. La política es así. Sin embargo, en el fondo hay una ley moral que obliga a cumplir la palabra empeñada. ¿Cuándo esta palabra queda anulada sin perjuicio moral? Sin duda, el candidato está en ventaja ante el elector, porque éste último es el que sufre el fraude mientras el candidato ha conseguido lo que desea: su elección. ¿Y en que forma el elector puede defraudar a un candidato? Al no votar por él, la promesa violada es relativa, porque la democracia vive de esto, es decir, de la postulación de candidatos que creen en sus posibilidades.

Nos decía un candidato que hay ciertas mentiras necesarias. Y con sorna observaba que estas mentiras se formulan para salvar del peligro de la derrota. Su cinismo podría interpretarse mal, empero los amigos del candidato también contribuyen a la salvación o a evitar la derrota, voceando su admiración. Los moralistas se rompen la cabeza al pensar en estas promesas y en estas mentiras. Las elecciones constituyen un proceso en el que se ponen en juego muchas cosas, y entre ellas, la vital libertad de votar por la persona que, al parecer, presenta las mayores garantías de interpretar la necesidad ajena, postergando la propia. Además, en cuanto a las promesas mutuas, la experiencia nos habla con claridad de que hay promesas morales e inmorales. Con las segundas se tiene consecuencias funestas. Prometer votar por un candidato que no sirve, es jugar con un derecho.

Recopilación por: Alejandro Glade Reyes.

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