miércoles, 30 de septiembre de 2015

Cine, Pintura y Alcohol



        Un sujeto que es internado para un tratamiento de un mes sale a la calle nuevamente con la misma inclinación por la bebida. Ese mes sólo ha sido de “descanso”. ¿Y el estado de idiotez? Mucho se ha dicho también del alcoholismo de la gente pobre que apenas tiene una “mano de gato” de escuela.

Los métodos de tratamiento, cuando son biológicos, son iguales en el fondo para todos sin distinción, pero la curación por la vergüenza solamente puede alcanzarse en determinados tipos de individuos.

Es una lástima que en nuestro país el metro de película cinematográfica cueste un ojo de la cara. Este es un espléndido medio de curación, no tanto por ver a un artista interpretar las etapas de la embriaguez en los humanos, sino para filmar las escenas interpretadas inconscientemente por el paciente mismo. Actualmente en Estados Unidos, a ciertos sujetos que tienen educación, pero que la pierden poco a poco con el embrutecimiento del alcohol, se les aplica el método de la vergüenza. 

Cuando están beodos, provocando escenas chocantes y hasta obscenas, con tambaleos, mirada torva, boca deformada y salivosa, la máquina filmadora los enfoca y hasta recoge con sonido los movimientos y las palabras groseras con timbre feroz que puedan pronunciar al enfrentarse con otras personas que están normales y que intencionalmente tratan de enhebrar una conversación también normal. Esta cinta así obtenida se exhibe después al paciente en sus estados de lucidez, aunque sean fugaces. Los resultados de éste método de la vergüenza han sido felices en el 70% de los casos. Por supuesto, como dijimos, la educación del paciente es un factor importante. Se puede vencer la tiranía de las células que piden alcohol a gritos. La cooperación decidida del paciente para su propia cura surge por arte de milagro.

Otro método modernísimo para la cura de la embriaguez es el inventado por el pintor norteamericano Rodney Clarke, en quien no tuvo éxito la “cura por la vergüenza”; sin embargo, recurrió él mismo a 33 acuarelas que hasta el momento han causado una intensa discusión entre artistas, psiquiatras y psicólogos. Esos cuadros son impresiones fotográficas vívidas y brutales de los sueños alcohólicos. Al analizar las pinturas de estos sueños el artista se enfrentó con un problema que él mismo no podía resolver; el problema de la vida. Su vida era un fracaso, pues tenía que depender de otros. Y comprendió que debía asumir la responsabilidad y la valentía de afrontar él mismo la vida y responder a sus problemas.


Estos son tratamientos caros, pero habría que buscar aquí la vergüenza aunque fuera con fotografías instantáneas.  ¡Cuántos dramas familiares se ahondan cada día!



Recopilación por: Alejandro Glade R.






sábado, 26 de septiembre de 2015

Amor a los Sellos



           El amor a los sellos de correo es comprendido por pocas personas. El que el mundo de la filatelia exige un interés especial, cuya renovación constante hace que la devoción se agrande y llegue a ser absorbente.

En todos los rincones del mundo hay un motivo para ese amor. El sello de correo es perseguido o persigue. El coleccionista, niño o adulto, vive en una constante inquietud respecto de las nuevas emisiones, a los vacíos en su álbum y a la tentación del catálogo. Y cuando se descubre un caso de acromegalia o de actinomicosis en algún personaje del sello, por defectos de impresión, ya se sabe de antemano el alto valor de la anomalía o enfermedad…

La Asociación Filatélica Latinoamericana ofrece un cuadro digno de observarse. Funciona en nuestra capital como “un lazo de unión y confraternidad de los filatélicos de América latina y los coleccionistas del mundo”. Tiene de todo para el amante de los sellos de correo: club y bolsa de canjes, foro, mesa redonda, enciclopedia, expertizaje, concurso de precios y un servicio de novedades.

Los coleccionistas tienen disciplinas científicas y artísticas. Asistir al funcionamiento de la bolsa de canjes, que está abierta una vez por semana, es tocar un mundo casi desconocido. Es muy sabida la compra-venta de las estampillas y los remates de rigor, pero interesa desde el punto de vista humano el canje de sello por sello. Para esto los coleccionistas se reúnen y muestran sus stocks. Hombres y mujeres, niños y niñas se dedican al regateo y al examen. Se repiten en alta voz las cotizaciones Yvert en francos o se pronuncia la palabra “corruto” que significa “muy común” o de poco valor. El error de un sello, error legítimo, es muy preciado, como ser el “huemul con cola” que aparece en una estampilla de Chile de 1883. El grabador inglés, sin conocer este animal-emblema, no lo concibió sin cola…

Pero vamos al lado humano del canje. Intérpretes son un caballero de barba cana y un niño de catorce años. El caballero es nada menos que un Ministro de la Corte con toda su gravedad. Descendió de su pedestal de leyes para librar una batalla singular.

-¿Por cuales se interesa usted, niño? Preguntó grave el Ministro.

-Por esta emisión de 1940 y sólo por los valores de cinco y diez cents… Me falta en mi hoja de EE.UU.

-No, no, no, -respondió suplicante el Ministro ya menos grave. Esos son para mí, por favor…

Y esta frase la pronunció con voz temblorosa, como un ruego supremo y anhelante. El niño reafirmó su deseo como si se tratara de un diálogo entre niños de corta edad en disputa sobre un juguete con cuerda. El niño no soltaba los sellos. El Ministro miraba con ojos apenados los trocitos de papel, pero se resignó a ceder. Fue como una sentencia de condenado lo que cayó sobre él, pero con la esperanza de la conmutación de la pena, pues al cambiarse de mesa, el viejo sacerdote de Temis dijo con bondad:

-En fin, para otra vez será…

Y el niño sonriente y agradecido colocó los sellos elegidos en su libreta y se dirigió a otra mesa de canje…




Recopilación por: Alejandro Glade R.

viernes, 25 de septiembre de 2015

Defensa Lírica.

Las Ultimas Noticias, Jueves 26 de Junio de 1952

V.R.C.

     Hasta hace poco los únicos chilenos que se sabían de memoria la Canción Nacional eran los pascuenses. Esto lo hicimos notar en una oportunidad, para poner en primer plano el desconocimiento que se tenía en el Continente de la letra de nuestro himno patrio. A menudo se comenzaba muy bien, pero luego fallaba la letra y se seguía entonando el himno con un murmullo o un galimatías que se perdía en la música.



Ahora, ocurre que la Canción Nacional ha sido aprendida por muchos aquí en la capital, lo que es plausible, pero el interés que han puesto en ello es especialísimo. Y lo diré aunque algunos se enojen. La canción Nacional se ha aprendido de memoria ahora como una necesidad para defenderse de la acción policial. Si se encuentra a una persona que  no se sabe la Canción, seguramente no es huelguista de algo. Porque se ha visto en los diversos tumultos, en los mítines de huelguistas, que cuando las cosas llegan a la dispersión, al momento los manifestantes entonan el himno y así consiguen que la acción para el despeje se anule. Como se ve la función que se le ha dado al himno patrio es sui generis. Es cierto que en los teatros cuando hay un temblor a un amago de incendio, se coloca el disco de rigor para aplacar los ánimos. Antes, cuando había orquestas, los músicos, aunque tiritones, trataban de aplacar a los demás ejecutantes.

Los habitantes de la lejana Rapa Nui aprendieron las estrofas por patriotismo. En cambio por aquí la causa es diferente. Sirve de coraza defensiva en los apuros callejeros ante la autoridad.

La bandera chilena también sirve para zanjar dificultades. Hace poco en el Estadio Nacional, cuando se realizó el partido entre Chile y Brasil, en que se definía el Campeonato Panamericano de Fútbol, hubo una refriega entre los espectadores de la galería. La cosa se ponía casi sangrienta en la lucha por una ubicación en lo alto, y de entre toda la aglomeración, alguien sacó una bandera chilena de un metro cincuenta y la colocó a viva fuerza entre los dos contrincantes, Y todo se acabó como un milagro. Las bofetadas desaparecieron, el gesto se cambió de  duro a sonriente y luego los dos peleadores se abrazaron. El público cercano aplaudió y abrió paso para que los “ex enemigos” pudieran instalarse cómodamente en la cumbre de la gradería.


La Canción Nacional y la bandera sirven así como apaciguadores de los ánimos alterados. Es curiosa la química sentimental de todo esto, porque en otras ocasiones los símbolos de nuestra patria, uno lírico y otro visual sirven para levantar los ánimos caídos y mirar hacia adelante con fe y resolución.


Recopilación por: Alejandro Glade R.



El “Colegial”


     Los dulces y pasteles están caros. Los niños, cuando salen de las escuelas, miran con ojos tristes las ventanas de los comercios que exhiben las ricas golosinas. Es que los centavos son escasos en los bolsillos y no alcanzan ni para una décima parte de un pastel. Pero hubo un tiempo en que la muchachada del Liceo de Valparaíso podía comprar por diez centavos un enorme “colegial”.

Quién no haya comido de esos “colegiales” no podrá imaginarse jamás la alegría ni las indigestiones que causaban. El “colegial” de aquellos años se fabricaba en ciertas pastelerías con las sobras de las masas e ingredientes. Resultaba de todo ello un pastel de “peso pasado” con sabores diversos, pues, a veces, sabía a torta de novia o a una mezcolanza de chocolate con mermelada ácida… Estos pasteles de apariencia plomiza como los barcos de nuestra Armada, atraían por su macicez y su  precio exiguo. Tenían dos “tapas” como el sándwich y el conjunto, por su altura y grosor, semejaba una doble barra de jabón para lavar. La figura del “colegial” podía reconocerse a cincuenta metros de distancia: era brillante, grande e imponente.

Algunos chiquillos caían enfermos con fiebre después de estas orgías que eran auspiciadas por Gonzalito, un viejo dulcero bonachón que en los recreos exhibía su cesta con la variada mercancía. Muchos abrieron con él el primer crédito de su vida. Recuerdo a un condiscípulo, que ahora es subgerente de un Banco, que siempre comía “colegiales” al crédito. Gonzalito le regañaba por su cuenta ya subida de diez pasteles, que sumaban un peso. Era el tiempo de 1918, año de las primeras Fiestas de Primavera en el viejo puerto.

Cuando se llegaba a casa y hacíamos las tareas con desgano, la mano solícita de la madre nos tocaba la frente y al encontrar la cabeza ardiente nos echaba a la cama y comenzaba el trajín con la parafernalia purgativa. Y entre el trajín se escuchaba la pregunta:

-¿Te has comido algún “colegial”?
-…Mamá…

-Por los 39 grados del termómetro parece que te has comido uno.

En verdad, cuando la fiebre subía a más de 40 grados, la causa generalmente era dos “colegiales”. Y así pasaba un día de remedios y con un justificativo otra vez se asistía a clases, para luego salir a recreo y  aumentar la cuenta en la libreta de Gonzalito, quien se interesaba mucho por nuestra salud de convaleciente y nos recomendaba pasteles de “peso pluma” para seguir el consumo.

El tiempo de los verdaderos “colegiales” pasó con muchas otras cosas. Cuando vemos ahora remedos flacuchos y caros de esos deleites estudiantiles, pensamos en las fiebres que producían, pero también en  las alegrías que daban. Y aunque los secretos de su fabricación eran “voxpopuli”, podíamos comprarlos con los pocos centavos que teníamos. Los chiquillos de ahora no pueden comprar ni una caluga. También es cierto que hombres tan buenos como Gonzalito ya no hay.

Recopilación por: Alejandro Glade R.


jueves, 24 de septiembre de 2015

Luz Montessoriana

 Las Ultimas Noticias, Jueves  8 de Mayo de 1952


Maria Montessori Stoppani
      Después de saturarse de los escritos pedagógicos de Itard y de Seguin, María Montessori, la ilustre doctora italiana que inventó un sistema educacional, quedó convencida de que la pedagogía debía unirse a la medicina. Y así continuó por su noble camino, dando todo lo que tenía a la misión de su vida. Se impuso una tarea difícil desde 1909, después de sus experiencias en las Casas del Niño, lo que hizo que Enseñat, en 1915, dijera en una de sus obras que desde Froebel  y  Pestalozzi no se había visto en el campo de la pedagogía un genio que llamara tanto la atención de los educadores.

El sistema de la Montessori incluye, entre otras cosas la enseñanza de la escritura por el tacto antes que por la vista, pues los niños aprenden a escribir dirigiendo su dedo en el sentido de la escritura, por el borde de las letras en relieve y repiten el ejercicio con los ojos cerrados. Todos los que se interesan en la enseñanza deben también palpar los contornos de la obra montessoriana que abarca la sala de clases y el  hogar. Y con los ojos cerrados también pueden repetir el lema de “el niño, factor principal de su propia educación”.

Fue un sistema revolucionario. En Europa y América hay escuelas inspiradas en su “Método de la Pedagogía Científica”, convencidas de que la educación es arte y ciencia, sobre todo en el descubrimiento de los  primeros hábitos para marcar nuevos rumbos en la obra de educación.

La doctora Montessori, a través de toda su obra, tuvo un instinto maternal único, lo que le sirvió mucho para sondear inequívocamente los  problemas infantiles. Este instinto no puede eliminarse, aunque se diga en esta época de materiales plásticos que un autómata, con barniz de piel, puede albergar ese instinto sintético. El sentido verdaderamente humano la compresión individual, para extenderla luego en el plano colectivo, es lo básico en la enseñanza de los niños. María Montessori sostuvo hasta  su muerte, que la enseñanza no es la aplicación de una teoría más o menos bien razonada, sino “un arte que se inspira constantemente en muchas ciencias a la vez”. Si esas ciencias progresan también debe progresar el método de enseñanza. Las “herramientas” intelectuales de esta doctora y maestra fueron la antropología y la pedagogía psicológica.


La obra montessoriana está constituida por métodos instructivos y educativos; material de enseñanza y la libertad del alumno, como principio fundamental. Es posible que esto sea combatido desde ciertas trincheras pedagógicas, pero en el mundo está encendida, desde hace tiempo una brillante luz, un desvelo para auscultar, con miras constructivas, el alma de los niños en su primera enseñanza.


Recopilación por: Alejandro Glade R.


miércoles, 23 de septiembre de 2015

Torpedos de papel


V.R.C.
    

    Pasaron los tiempos del puño  tieso que servía de ayuda-memoria en los exámenes. La artimaña del papel salvador prendido detrás de la corbata flotante, también ha caído en desuso. El acto de “soplar” como un consueta de teatro ha resultado más que peligroso, ya que el silencio prima en las pruebas. Pero existe el “torpedo”, el papel escrito que los estudiantes se arrojan unos a otros para  cometer fraude en los exámenes.

El “torpedo” era muy usado en la Escuela Naval nuestra en tiempos ya pasados. Hay ex marinos, que han pasado de maduros, que recuerdan los disparos para los cuales se adiestraban en las horas libres a fin de tener buena puntería y agilidad para atrapar el “torpedo” con los datos maravillosos, que se lanzaba velozmente a espaldas del profesor.


En esto de los fraudes en los exámenes se ha llegado en otras partes hasta el extremo de utilizar transmisores de radio que operan en combinación con los receptores diminutos de los estudiantes en apuros.

En la Escuela de Medicina se recurría hace algún tiempo al colodión, para presentar fraudulentamente algunas preparaciones de músculos al ayudante de anatomía. No sabemos si todavía alguien utiliza ese método, pero sin duda, el colodión no ha perdido su propiedad de simular la aponeurosis intacta. Eso si que como la artimaña es antigua, los ayudantes también poseen sus métodos para descubrirla a la primera mirada. Y así, en tantas otras circunstancias, los estudiantes de diversos estudios, aún los más fáciles, se valen de fraudes para salir adelante. Pero son los menos, los que no quieren sacrificarse en el estudio, los que tienen un concepto peregrino del saber…

En los planteles universitarios en las escuelas secundarias y, en general, en todos los exámenes siempre hay ejemplares amigos del fraude. Y éste no es un fenómeno de un país en particular. Recién el cable nos ha traído la noticia de noventa cadetes expulsados de West Point por lo mismo, y es tan grave el asunto que se ha recurrido al Presidente Truman y a la investigación parlamentaria. En 1939 en Estados Unidos hubo otro escándalo parecido a raíz de los “prostíbulos intelectuales” que funcionaban frente a la Universidad de Harvard. Se hizo una denuncia en contra de la venta de exámenes escritos, de tesis completas con precio comercial y de “tutelaje”, lo que a la postre era aprovechado por un grupo de “estudiantes cómodos”.

 En nuestro país está muy difundido el “torpedo”, que es un fraude cometido entre los estudiantes mismos. Cuando intervienen personas ajenas al colegio, entonces el “torpedo” toma otro  nombre, que también tiene que ver algo con las armas de los “exámenes”, el “paracaidista”, o sea, el re comendador y el descubridor de las preguntas con la debida anticipación.



Recopilación por: Alejandro Glade R.





Milagro en el Barrio


V.R.C.


    En la barriada todo era pesadumbre. Flotaba en todo momento una tristeza que se pegaba a las puertas y ventanas de las casas, cuyos moradores tenían un paso lento. ¿Qué maldición había caído en ese trozo de la ciudad?

Mientras en la plazoleta cercana los vehículos daban vuelta para regresar al “centro”, el panorama que ofrecían las circunstancias parecía una promesa de evasión. Nunca esa barriada había estado tan sombría aun en los días más claros. Los chiquillos, las mujeres y los hombres, todos estaban roídos por un mal invisible. Podría haberse dicho que llevaban escondidos un desaliento o una dolencia que se traducía en un gesto triste, en un rictus de cuasi-fastidio o mansedumbre artificial. 


Las empleadas domésticas transitaban largos trechos por la calle; los comentarios en voz baja quedaban bailando como hojas en el viento, se levantaban y caían, para tomar nuevos bríos en las esquinas con la primera ventisca humana. Y así transcurrieron semanas y meses. Cada  día la populosa calle parecía morir de un mal desconocido. En el interior de las casas existía el mismo clima. Todas las mañanas el despertar era una mala noticia, un obstáculo, una extorsión, una especie de suplicio de graduado torniquete. Con el pasar de las horas la amargura se acentuaba.

Toda iniciativa se veía desbaratada por ajenos caprichos y cálculos foráneos. Hasta el más humilde plato de comida estaba influido por el ambiente pesado de la barriada. ¡ Y cómo había sido esa calle antes! Sus árboles alegres en cada primavera decoraban el gesto colectivo;  el griterío callejero era un cascabel agradable porque encerraba las risas infantiles; el sonido, la locuacidad sana y la buena vecindad de los adultos subrayaban la vida, sin agrios pensamientos ni desalientos cotidianos.

Pero una mañana, como un milagro bíblico, la barriada amaneció alegre. Cada vecino parecía haber empavesado su espíritu; cada chiquillo se mostraba regalado de todas las dichas y las empleadas domésticas se pusieron sus mejores “pilchas”, no sólo para comentar, sino para caminar airosas por la calle. Las caras de todos eran otras. La transfiguración en los vecinos y en las cosas era evidente. En la calle y en el interior de las casas hubo una renovación… la renovación que todos esperaban. ¿Qué había ocurrido? ¿A qué se debía este fenomenal cambio en el ánimo de todos?
Sencillamente, el almacén de la esquina había cambiado de dueño…



Recopilación de: Alejandro Glade R.






viernes, 11 de septiembre de 2015

Abuelo Extraño


Reloj de bolsillo, Waltham con locomotora,
año 1900
 Ese reloj  Waltham, gordo antiguo con su máquina perfecta, está guardado en un estuche de terciopelo. El heredero lo muestra sólo a sus más íntimos amigos. Su abuelo lo adquirió en tierras lejanas.

Peinando ya canas y con el Waltham en sus manos, el heredero relata a grandes rasgos la vida de su antepasado, que vivió largos años junto a las labores del campo.

Fue un abuelo raro.  Se casó tres veces, una en Europa y dos en Chile. En Estados Unidos adquirió el reloj y después siempre lo llevó consigo atado a una gruesa cadena de plata, adornada con una libra esterlina colgante. Montaba a caballo con una agilidad pasmosa. Y por momentos se ponía divertido, a pesar de sus cejas enmarañadas que le daban un aspecto iracundo. Se jactaba de poseer un par de zapatos que le servían durante cuarenta años. Y los zapatos solamente se le gastaban en la curva y cavidad que hay en la suela por delante del taco…El contacto con el estribo era la causa.

En las tardes de verano se sentaba bajo los grandes árboles del jardín inmediato a la casa. Leía, daba algunas órdenes a los inquilinos, y sacaba su enorme reloj para acariciarlo.

-¿Por qué renguea Ño Pedro? – Preguntaba -.Que le manden a su casa al viejo Aureliano, “el aliviador”, para que lo mejore.

Otras veces era la mujer de algún inquilino que iba a tener familia la que necesitaba auxilio. Ayudaba a todos en la mejor forma.

Pero el abuelo siguió envejeciendo y acariciando su reloj. Estaba ya viudo y sus hijos emigraron a la ciudad, porque detestaban el campo. Sólo lo querían para unas cortas vacaciones y con amistades foráneas.

El día en que cumplió 93 años de edad, el abuelo se levantó muy de mañana, sin la ayuda de nadie. Se puso sus mejores espuelas, con rodaja grande. Y siempre con su agilidad admirable se dirigió al patio y ordenó que le ensillaran el alazán.

-¿No va a tomar desayuno, patrón? – le preguntó la vieja sirviente campesina.

-No… cuando vuelva, mejor…

Y montó e picó espuelas. Tomó el camino que seguía hacia la línea del ferrocarril. Poco antes de llegar a la tranquera junto a la ferrovía, sacó el reloj y vió la hora. Esperó. Luego atracó la cabalgadura a los palos para sacarlos y pasar. Lo hizo sin apearse y guió su caballo por la línea. De súbito apareció el tren en la curva cercana y el abuelo comenzó a golpear fuerte para embestir como un Quijote imaginario frente a los molinos de viento.

El reloj Waltham quedó intacto, mientras el abuelo suicida y la cabalgadura siguieron hacia mejor vida.

Lo curioso es que el reloj ostenta en la tapa de atrás una locomotora antigua, de chimenea ancha, incrustada en oro. Sin duda, cuando acariciaba el reloj, había sido su obsesión. ¿Tantos años mirándola!

Ahora, en el estuche de terciopelo, el reloj de plata duerme con su historia, y la locomotora de oro ha tomado un color rojo sangre con el tiempo.

Recopilación por: Alejandro Glade R.


martes, 8 de septiembre de 2015

Guerra al “Fresco”


V.R.C.
Es un tanto extraño propiciar una guerra al “fresco” en medio de la canícula atroz que sufrimos. Pero hay que apuntar los cañones, sin pérdida de tiempo, para hacer blanco en esos señores que hacen del cinismo, la desfachatez y el engaño una profesión lucrativa.

En este último tiempo ha aparecido una legión de estos “frescos”, cuya  identificación salta a primera vista. Así como el pensionista del “Lunatic Asylum” que decía a gritos que era el quinto tomo de la Enciclopedia Británica y que le abrieran el pecho para que buscaran un artículo sobre máquinas de coser, los “frescos”, también solicitan con su actitud paranoica que los abran como un frigidaire para buscar en ellos la vergüenza congelada. Y tienen, en verdad, la vergüenza transformada en barra de hielo quemante.

Esta clase de individuos, que se introducen en todos los medios, presenta una variedad desconcertante >desde el “bolsero”, que gusta que otros hagan los gastos de un festejo, hasta el “medido caballero” que no da un paso si no lo dan los otros primero… Este último es el más peligroso, quizá, porque mistifica exhibiendo un barniz de prudencia. La guerra debe ser declarada, sin cuartel, en contra de los cínicos que aprovechan las circunstancias para beneficiarse con desmedro de los demás. En general,  son antidemocráticos, egoístas y ambiciosos. Con una cara llena de sonrisas pueden “pitarse” a cualquiera persona ocupada en cosas serias. Hacen de la vida de relación un caldo de cultivo para sus explotaciones y hablan como los demás mortales, articulando frases agradables, pero calculadas en lo más mínimo. Enmudecen, de repente, para observar la jugada y donde aplicar el golpe.

Conocemos a muchos de estos “frescos”, que se acondicionan al ambiente elegido, y lo hacen con tal maestría que su mimetismo es perfecto. Con los resultados viene la exclamación de la víctima:

-¿Si lo hubiese sabido antes!

La peligrosidad del seriote redomado, cuya “frescura”, se oculta detrás de su amaneramiento, está en el carácter que da a sus acciones que inspiran confianza. Solícito, hace favores, todos geométricos, para después realizar el “profitaking”, es decir la venta de acciones para materializar utilidades… Especula con la amistad y enajena a la primera postura la palabra empeñada. Y sigue su vida de sonrisas y de falsa franqueza, provocando un ambiente helado en los círculos en que es bien conocido. Por eso busca medios nuevos, vírgenes de sospecha, para rendir culto al des-cinismo.

Recopilación de: Alejandro Glade R.



miércoles, 2 de septiembre de 2015

Reajuste Psicológico


V.R.C.

Durante los últimos cincuenta años el hombre y su mundo han sufrido grandes cambios. Esto ha producido confusión y desconcierto, aunque aparentemente se observe un andar acompasado y una calma en el hablar. La procesión por dentro lleva muchos estandartes...

Cada día que pasa un mayor número de personas acude a los médicos psiquiatras para lograr una solución de sus problemas. Y se les consulta no sólo por temor a una camisa de fuerza.

El fenómeno es mundial, porque no hay país al margen de la evolución, salvo algunos contados parajes aislados que no tardarán en caer en la línea.

La desaparición de la casa familiar, es decir, la casa grande en que viven tres o cuatro generaciones simultáneamente; el debilitamiento del espíritu religioso y la nueva actitud de la mujer frente al hombre, son causales de trance por el cual  se pasa con grandes dificultades. Si cayera un hombre de Marte – libre de prejuicios terrenos  -  vería  al momento que la mujer, privada de sus prerrogativas que la presentaban como un ser delicado, busca retribución en un frenesí de agresiones y frustraciones. La mujer de hoy se ha sentido lastimada con la igualdad del tipo que conocemos, por lo tanto no es preciso volver a des agradables posiciones de antaño, sino reajustar psicológicamente la situación y suavizar la aspereza creada por los modernos métodos de  vida.

Por razones obvias, la casa para el familión es imposible en estos tiempos. Primero, cuesta caro, y luego, la tendencia de “cada uno para su santo”, desparrama la familia. La mesa clásica, junto a la cual se reunían todos, no existe, porque los horarios y los compromisos son diferentes; las ambiciones dispares y cada miembro de la familia quiere “vivir su vida”. Esto produce preocupación y, por ende, un inevitable quebrantamiento nervioso.

La “batalla de los sexos”, es decir, la lucha de la igualdad de la mujer frente al hombre, también tiene muchas bajas. En la trinchera, antes de entrar en batalla, los nervios se crispan y el abatimiento invade. Después del combate, visto todo con honradez, no hay vencedores ni vencidos, aunque el campo haya sido arrasado por la metralla y las bombas. Los resultados, cualesquiera que sean, son aparentes.

El nexo religioso, que antes unía familiarmente, ha sido dejado de mano, para ser reemplazado por otros intereses carentes de espiritualidad. Esto lo decimos porque hasta los mincoplos de la isla Andamán vuelven los ojos al cielo cuando están en apuros.

Y es evidente, que si en esa isla hubiese un psiquiatra, los isleños llenarían su clínica, pidiendo la receta para arreglar sus males. La época, sin duda, necesita tratamiento, porque si sigue así, está condenada a un rotundo fracaso nervioso….



Recopilación por: Alejandro Glade R.